Textos que podrían incentivar la compasión lectora.


Durante las clases y al ver el trabajo que conlleva la compresión lectora seleccionamos unos textos de diversas temáticas que ayudarían a los alumnos a moldear y trabajar esa parte de la lengua española, los mismos son los siguientes:

 Los ríos

Los ríos son corrientes naturales de agua dulce que están continuamente fluyendo. La mayoría de los ríos nacen en la parte alta de las montañas y se forman cuando se acumula agua de la lluvia, de los manantiales, del hielo, y de la nieve.

El terreno por el que pasa un río se llama cauce, y el recorrido que hace desde el principio hasta el final, se llama curso.

El curso de un río se divide en tres tramos:

El curso alto corresponde a la parte en que nace el río, llamada cabecera, y los primeros kilómetros. Como suele estar en la montaña se trata de una zona de mucha pendiente en la que las aguas bajan a gran velocidad y con mucha fuerza. Esto provoca que el río arranque materiales su paso (rocas, arenas…).

Cuando el río deja atrás la parte alta de la montaña, comienza el curso medio. Aquí la pendiente es más suave, por lo que el agua discurre a menor velocidad y con menos fuerza. En este tramo va transportando los materiales arrancados en el curso alto. Estos materiales reciben el nombre de sedimentos.

El curso bajo, la última parte del río, es la zona más llana. Las aguas continúan su camino más lentamente y con menos fuerza, razón por la cual muchos sedimentos se van depositando en el fondo. El río termina su recorrido en otro río o en el mar, y vierte allí sus aguas. Este punto final se llama desembocadura.

La cantidad de agua que lleva un río recibe el nombre de caudal. Si uno tiene mucha cantidad de agua, se dice que es un río muy caudaloso.

Además, los ríos pueden ser cortos o muy extensos. El más largo del mundo está en Sudamérica, se llama Amazonas, y atraviesa varios países gracias a sus 7.000 kilómetros de longitud. El Amazonas también ostenta el récord de ser el río más caudaloso del mundo, es decir, el que más agua contiene.

Otros ríos larguísimos son el Nilo, que está en África, el Yangtsé, que está en Asia, o el Mississippi, situado en Norteamérica.

Preguntas de Inicio:

¿En qué piensas al escuchar el título?

¿Qué han escuchado acerca de los ríos?

Durante:

¿De dónde nacen los ríos?

¿Cuál es el río más largo que existe?

Después:

¿Qué entendiste del texto leído?

¿En cuánto se divide el curso de un río?


El gran Houdini

 

Houdini está considerado el mago más famoso e importante de todos los tiempos.

Nació en Hungría en 1874 y su verdadero nombre era Erik Weisz. A la edad de cuatro años, junto a su familia, abandonó el país y emigró a Estados Unidos en busca de una vida mejor.

Un día, ya en América, el pequeño Erik asistió con su padre a un espectáculo de magia. Lo que vio le impactó muchísimo y empezó a aficionarse al apasionante mundo del ilusionismo. Con el paso del tiempo, decidió ser mago y eligió el nombre artístico por el que todos le conocemos: Harry Houdini.

Al gran Houdini todavía se le recuerda y admira por las asombrosas proezas que realizó. Su gran especialidad fueron los escapismos, es decir, los números de magia en los que debía escapar o salvarse de una situación que parecía imposible. A veces pedía que le ataran las manos con cuerdas o esposas; otras, que le pusieran una camisa de fuerza que le dejaba completamente inmovilizado. El caso es que, ante el asombro del público, se liberaba sin ayuda de nadie en cuestión de segundos.

¡Pero ahí no acababa la cosa! Houdini también era un experto en escabullirse de los lugares más insospechados, como baúles cerrados con candados o cajas fuertes que eran lanzadas al mar.

De la gran cantidad de números fantásticos de este tipo que protagonizó, el más célebre fue uno llamado ‘Metamorfosis’. El reto consistía en que un ayudante le esposaba y le metía en un saco del que no podía salir. A continuación, el saco con el mago dentro, se introducía en un baúl que se cerraba con llave. Entonces, bajo la atenta mirada de los presentes, se corrían unas cortinas. Tras unos pocos segundos de emocionante espera se abrían y el público observaba atónito como Houdini se paseaba tan campante fuera del baúl. Lo más increíble era que el baúl en cuestión seguía cerrado a cal y canto, es decir, se suponía que nadie lo había tocado. Cuando por fin levantaban la tapa, el que aparecía esposado y dentro del saco era el ayudante

¡Como por arte de magia se habían intercambiado! La sala estallaba en aplausos, completamente maravillada.

Obviamente, detrás de estas hazañas inexplicables había trucos muy buenos que nadie consiguió destripar porque Houdini se pasaba años preparando cada número hasta que le salía a la perfección.

Gracias a su afán de superación, los desafíos a los que se enfrentó fueron cada vez más difíciles y prodigiosos. Esto, unido a que siempre se las ingenió para salir en la prensa y darse mucha publicidad, le convirtió en un personaje muy conocido en su época a lo largo y ancho del mundo.

Además de la magia, la otra gran pasión de Harry Houdini fue la aviación. En esta disciplina también fue pionero, ya que en 1910 se convirtió en el primer ser humano en sobrevolar Australia.

Houdini falleció en 1926. Tenía 52 años de edad.

Preguntas de Inicio:

¿Cuál es el título del texto?

¿Qué piensas cuando lees el título del texto?

Durante:

¿Quién era Houdini?

¿Qué tipo de texto es?

 Después:

¿Qué entendiste del texto?

¿Cuál es el tema central del texto?


La hiena y la liebre

(Adaptación Africana)

Cuenta una vieja leyenda africana que antiguamente las hienas y las liebres se llevaban muy bien, hasta que se dio el caso de una hiena y una liebre cuya amistad no era tan sincera como parecía a primera vista. Esta hiena era una egoísta y en cuanto podía, abusaba de su amistad y engañaba a la liebre.

A menudo iban juntas a pescar y si la liebre conseguía un buen pez para comer, la hiena le hacía trampas y usaba triquiñuelas para comerse su pescado. El caso es que, a base de engaños, siempre se salía con la suya y dejaba a la pobre liebre sin un bocado que llevarse a la boca.

Un día, la liebre pescó el pez más grande y apetitoso que había visto en su vida.

– ¡Amiga, este pez tiene una pinta deliciosa! – dijo la liebre a la hiena – Esta noche me daré un gran festín.

A la hiena se le hacía la boca agua y se le ocurrió una excusa para que la liebre no se lo comiera.

– Yo que tú no comería ese pez – dijo aparentando indiferencia – Es demasiado grande y como tú tienes un estómago pequeño, te va a sentar mal. Además, es tanta cantidad que se pudrirá antes de que puedas comértelo todo.

– ¡No te preocupes, amiga! ¡Lo tengo todo pensado! – aseguró la liebre – Ahumaré todo lo que me sobre para que se conserve y así no tendré necesidad de ir a pescar en una buena temporada.

La hiena se despidió de su amiga la liebre y se alejó muerta de celos. Tenía que urdir un buen plan para ser ella quien disfrutase de ese rico manjar.

– ¡Ese pescado tiene que ser mío y sólo mío! – pensó la hiena corroída por la envidia.

Al caer la noche, regresó en busca de la liebre. La encontró dormida junto a unas brasas donde se asaba el pescado ¡El olor era delicioso y no hacía más que salivar imaginando lo rico que estaría! Se aproximó al fuego dispuesta a robar la pieza y salir corriendo hacia su casa.

Sigilosamente, cogió un trozo de pescado intentando no hacer ni pizca de ruido. Pero la liebre, que en realidad se hacía la dormida, se levantó y cogiendo la parrilla que estaba encima del fuego, golpeó a la hiena con ella. El animal empezó a chillar y a dar saltos de dolor.

– ¡Debería darte vergüenza! – gritó la liebre enfadada – ¿Y tú dices ser mi amiga? ¡Los amigos se respetan y tú siempre estás abusando de mi confianza! Por si fuera poco, encima intentas robarme a mis espaldas ¡Vete de aquí! ¡No quiero verte más!

La hiena estaba avergonzada. El deseo de poseer algo que no era suyo había sido más fuerte que la amistad y ahora lo estaba pagando bien caro. Se alejó humillada y con el lomo marcado por las barras al rojo vivo de la parrilla.

Desde entonces, las hienas tienen rayas en la piel y odian a las liebres.

La hiena y la liebre - Mundo Primaria


Preguntas de Inicio:

¿Conoces sobre el continente africano?

Según su título ¿Cómo sería el contexto del texto?

Durante:

¿Cómo te hubiese gustado que fuese el inicio?

¿Qué entiendes por el valor de la amistad?

 Después:

¿Por qué las hienas odian a las liebres?

¿Qué harías para evitar que estas amigas terminaran así?


Los dioses de la luz

Hace cientos de años, al sur de Chile, vivían los indígenas conocidos como mapuches. Los miembros de estas tribus se refugiaban en grutas, no conocían el fuego y sobrevivían gracias a lo que la naturaleza les regalaba.

Cada día salían a cazar algún animal para comer y recolectaban todos los frutos que podían para poder alimentar a sus familias. Si querían realizar todas estas tareas, tenían que levantarse muy temprano y aprovechar al máximo la luz de día, pues uno de sus mayores temores, era enfrentarse a la oscuridad ¡Jamás salían del poblado cuando se iba el sol!

Una noche, un hombre mapuche llamado Caleu, se sentó a contemplar la luna en la entrada de su cueva. Su familia dormía dentro y el silencio lo invadía todo.  De repente, vio una enorme estrella de larga cola dorada que atravesaba el cielo. Un resplandor cegó sus ojos e iluminó por momentos todo el valle.

¡Caleu se asustó muchísimo porque no tenía ni idea de qué era eso! A toda prisa y temblando como un flan, entró en la caverna y se acurrucó en una esquina. Permaneció despierto hasta el alba y, aunque se moría de ganas de contar a todos lo que había visto, decidió no decir nada a nadie para que el temor no se extendiese por la aldea. Sí, guardaría el secreto.

Esa mañana en cuanto salió el sol, su esposa y su hija se fueron en busca de comida. Acompañadas por otras mujeres y niños del pueblo, subieron la montaña más cercana y durante horas, estuvieron entretenidas haciendo acopio de comestibles para pasar el invierno, que ya estaba a la vuelta de la esquina.

Todos trabajaban con tanta de dedicación, que la noche les pilló desprevenidos. Recogieron rápidamente sus cestas e intentaron bajar la montaña lo más deprisa que pudieron, pero sin luz tuvieron desistir. Era imposible guiarse entre tinieblas para encontrar el camino de vuelta al poblado. Por suerte, descubrieron una gruta abandonada y se refugiaron en ella a la espera del nuevo día.

Fue entonces cuando, en medio de la oscuridad, vieron pasar la enorme estrella de cola dorada que Caleu había visto la noche anterior, y que por segunda vez atravesaba el cielo a gran velocidad. A su paso, una lluvia comenzó a caer haciendo sonar un gran estruendo. Pero no, no era de agua, sino de piedras que se estrellaron sobre la montaña y rodaron sobre la ladera, provocando multitud chispas al chocar contra el suelo de roca.

Una de esas chispas fue a parar a un árbol y el tronco comenzó a arder, iluminando todo a su alrededor. Cuando el torrente de piedras cesó, las mujeres se acercaron al árbol en llamas con los asustados niños agarrados a sus piernas y descubrieron que, gracias al fuego, podían verse unos a otros entre las sombras. También notaron que, junto al árbol ardiente, sus cuerpos entraban en calor y era una sensación muy agradable ¡Aquello era realmente mágico!

Los hombres de la aldea, atraídos por la luz, salieron a comprobar de qué se trataba y encontraron a sus familias sentadas alrededor de la enorme fogata.  Estaban felices y todos se juntaron para compartir un momento tan especial, entonando cantos y dando palmas.

Empezó a amanecer y llegó la hora de que cada uno regresara a su hogar. Caleu cogió una rama que había en el suelo y la acercó al fuego del árbol. Se quedó fascinado al comprobar que las llamas pasaban de un sitio a otro con facilidad. Todos los hombres hicieron lo mismo y tomaron el camino a casa portando grandes antorchas. Durante el trayecto de vuelta, las mujeres les contaron que habían visto que al chocar unas piedras contra otras se producían chispas, y que éstas, al contacto con la madera, se convertían en llamas.

Así fue cómo los mapuches descubrieron el fuego. A partir de ese día, perdieron el miedo a la oscuridad, pudieron calentarse durante los crudos inviernos y añadieron a su menú diario la riquísima carne cocinada en las brasas.

Los dioses de la luz - Mundo Primaria


Preguntas de Inicio:

¿Qué tan importante es la naturaleza para los seres vivos?

¿Qué conocemos sobre la comunidad indígena?

Durante:

¿Por qué esta tribu temía a la noche?

¿Qué descubrieron los Machupe?

 Después:

Si fueses Caleu ¿Le hubieses dicho inmediatamente lo que viste a la familia?

¿Cuál otro elemento agregarías útil para facilitar la vida como en ese caso el fuego?


Lui el desobediente

Dicen que hace muchos años, en una ciudad de Puerto Rico llamada Aibonito, vivía un matrimonio que tenía cinco hijos, dos chicas y tres chicos.

La madre y las hijas se ganaban la vida trabajando como limpiadoras en casas de gente rica así que su día a día transcurría entre trapos, estropajos y lejía; mientras, el padre y los hijos varones se dedicaban a cortar leña que luego vendían a los carpinteros de la zona. Como ves, la familia al completo se esforzaba mucho para poder llevar dinero al hogar y salir adelante.

Bueno, en realidad no todos arrimaban el hombro porque el hijo más pequeño llamado Lui era un vago redomado. Odiaba estudiar y hacía mucho tiempo que en la escuela no sabían nada de él. Tampoco ayudaba a cortar leña porque le parecía una tarea de lo más aburrida. A sus catorce años se pasaba el día holgazaneando sin hacer nada.

Lo peor de todo era que cuando le mandaban hacer un simple recado se enfadaba y se ponía a protestar como un niño egoísta incapaz de hacer un favor. Sus padres siempre se lamentaban de su comportamiento y su mal carácter, pero lo cierto es que ya no sabían qué hacer para hacerle entrar en razón.

Un día de verano, unos nubarrones negros como el carbón aparecieron en el cielo. Se avecinaba una enorme tormenta y la madre pensó que podría tener graves consecuencias. Para prevenirlas, le dijo a su hijo pequeño.

– Lui, la tormenta va a estallar de un momento a otro y ya sabes que puede producir un apagón. Lo más probable es que nos quedemos sin luz. Por favor, ve a la tienda al otro lado del río y compra cinco velas y una caja de cerillas por si acaso nos hacen falta.

Lui, como era habitual en él, contestó de muy malos modos a su dulce y paciente madre.

– ¡Qué rollo, mamá, yo no quiero ir!

– ¡Venga, Lui, ¡no seas perezoso! Ahora el río está casi seco y no corres peligro, pero pronto comenzará a llover y se llenará de agua. Si la tormenta es muy fuerte incluso podría desbordarse e inundarlo todo ¡Debes irte cuanto antes!

– ¡Menudo fastidio tener que cruzar el río ahora!

– Lui, no te lo repito: ¡ponte el abrigo y vete ya!

Lui se levantó de la silla refunfuñando. Salió de la casa y en ese momento empezó a llover con mucha fuerza.

– ¡Vaya, justo ahora se pone a diluviar, qué asco de tiempo!

Caminó un buen rato y llegó al río. Su enfado fue a más cuando vio que se había llenado de agua y la corriente era bastante fuerte.

– ¡Maldita sea!… ¡Estoy calado hasta los huesos y encima tengo que meter las piernas en el agua helada!

El malhumorado joven no tenía otra opción y comenzó a atravesarlo sin tan siquiera quitarse los zapatos. Total, estaba empapado ya…

El agua le llegaba a la altura de las rodillas y tenía que ir agarrándose a las ramas y las rocas que sobresalían en la superficie.

– ¡Qué encargo tan desagradable!…  ¡Odio tener que hacer esto!

Había cruzado la mitad de río cuando sobre su cabeza apareció un inmenso pajarraco negro que abrió las garras, lo sujetó por la camisa y lo elevó por los aires como si fuera una presa de caza.

El muchacho, al verse colgado a muchos metros de altura, comenzó a gritar aterrorizado.

– ¡Socorro! ¡Auxilio, que alguien me ayude! ¡Socorrooooo!

Una mujer que casualmente pasaba por allí escuchó los alaridos, miró hacia arriba y vio a Lui colgado de las patas de un ave gigantesca, bamboleándose como si fuera un muñeco de trapo.

La señora empezó a gritar como loca:

– ¡Eh, tú, pájaro bribón, suelta al chico! ¡Suéltalo ya que se va a caer!

El pájaro se asustó al oír las voces, pegó un respingo y sin darse cuenta abrió las garras.

¡El pobre Lui empezó a descender a una velocidad vertiginosa! Durante unos segundos pensó que su vida había llegado al final, pero justo antes de estamparse un milagro sucedió: en vez de caer al suelo lo hizo sobre unas zarzas, lo más parecido que había por allí a un colchón. El tortazo fue colosal y se hizo unos moratones de campeonato, pero gracias a la fortuna de caer en blando logró salvar el pellejo.

La mujer, que lo había visto todo, fue a pedir ayuda. A pesar del tremendo aguacero que estaba cayendo enseguida acudieron varios vecinos del pueblo que, demostrando una gran solidaridad, sacaron a Lui del matorral donde estaba enredado y lo llevaron a casa en brazos.

Lui estaba muy dolorido, se encontraba fatal. Su madre lo secó con una toalla, lo acostó con mucho cuidado en la cama, desinfectó una a una las heridas de su cuerpo y al terminar le preparó un plato de caldo calentito. Después, dejó que durmiera unas cuantas horas para que poco a poco fuera recuperándose.

Cuando Lui se despertó, vio a su maravillosa madre sentada sobre su cama, a su lado, acariciándole la mano con ternura.

– Mamá, gracias por ser tan buena conmigo. Yo, en cambio, siempre he sido un gandul y un ingrato… Me he portado fatal con vosotros y no os lo merecéis.  A partir de ahora seré un buen chico y os ayudaré en todo. Te lo prometo, mamá.

Su madre lo besó en la frente porque sabía que lo decía con el corazón. Lui había aprendido la lección.

Lui el desobediente – Mundo Primaria


Preguntas de Inicio:

¿Qué tan importante es la obediencia?

¿Crees que este texto pueda ser real o ficticio?

 Durante:

¿Qué cosas en común tienes con cada personaje?

¿Con cuál te identificas más?

Después:

Me podrías decir ¿Por qué no todos los hijos son iguales?

Si su madre no hubiese contribuido a su cambio ¿Crees que lo haya podido lograr por si solo?


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